Producciones de los alumnos de segundo año.

A medida que avanzamos en la lectura de la novela, los alumnos de segundo año fueron generando sus propios textos y dibujos relacionados con la novela de Bodoc.


Dibujo realizado por Micaela Gamarra. Representa el momento en que Piukemán y Wilkillén llegan hasta la Puerta de la Lechuza, un lugar mágico y prohibido.

Dulkancellin y Cucub encontraron el gran barco que les había mencionado Kupuka. Al entrar al barco el zitzahay y el guerrero fueron en busca del capitán para poder saber si podían viajar con ellos. Al encontrarlo le preguntaron, pero él muy serio negó moviendo la cabeza y los echó.
Cuando el capitán se distrajo, ellos entraron a escondidas y se escondieron en la parte baja del barco tras unos barriles. Pasaron tres días y nadie se había dado cuenta de que estaban como intrusos en el barco. Entonces comían los alimentos que habían guardado. Mientras el sirviente del capitán limpiaba, encontró a Cucub acostado en un rincón. El sirviente que era un joven que vestía unos trapos viejos y unas sandalias, lo despertó golpeándolo con la escoba, el zitzahay le hizo una señal de silencio y le dijo que se callara.
—  ¡Oigan! ¿Qué hacen ustedes acá? Son unos intrusos — Dijo el hombre con la escoba.
—  Necesitamos viajar en el barco. ¿No hay ninguna manera de que nos dejes estar aquí sin que nadie se entere? — Dijo Cucub
—  Si me ayudas a hablar con la mujer pez yo dejaré que se queden aquí y no diré nada.
—  De acuerdo.
Al llegar a la primera parada, que era una isla, fueron en busca de las mujeres peces. El Zitzahay y el guerrero buscaban una cueva en las costas de la isla, mientras el sirviente los acompañaba. Al encontrar la cueva, que era un lugar rocoso, lleno de las plantas verdes del mar  y  muy poco iluminado encontraron a la mujer pez.
El sirviente cumplió lo que había dicho, dejó que Dulkancellin y Cucub viajaran tranquilamente dentro del barco. Viajaron serenamente durante cuatro días más hasta llegar a su destino.
                Por Micaela Gamarra.  

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Cuando Cucub Y Dulkancellin llegaron al  Lalafke para empezar esa dura y larga travesía, Cucub el jefe de esta mínima tripulación se dio cuenta que ese viaje iba a ser demasiado largo. Sin   dudarlo quiso que llegaran lo más rápido posible por lo tanto al querer adelantar el paso no se dio cuenta que estaba yendo para otro lado. “Un día largo  tratando de llegar a la Casa de las Estrellas”  pensó.
-Estaba más lejos de lo que yo creía.
Dulkancellin indignado por la demora dijo.
-No será que estamos yendo por otro camino.
Cucub pensó un largo tiempo, sin dudar siguió navegando pero, en ese momento se dio cuenta que había llegado a un lugar bastante peculiar, era montañoso con varios animales y estaba bastante soleado, por eso decidieron quedarse a pasar la noche ahí.
Por la mañana al despertar siguieron su rombo, pero ahora sí yendo en dirección correcta, uno, dos, y tres días pasaron y vieron que se estaban acercando a ese tan esperado lugar. A lo lejos se veía la casa donde Los Supremos Astrónomos  esperaban con ansias su llegada. Ya casi llegando notaron que en el medio del mar  había una muy pequeña isla con tan solo una flor, con pétalos blancos el centro rosa y de un gran tamaño, pensando cómo iban a atravesar esa isla, a Dulkancellin se le ocurrió una idea 
-Atrás de esa bella flor hay bastantes troncos, saltemos allí, armemos una balsa, con troncos y atada con el tallo de la flor, y avancemos lo más rápido posible. -Dijo Dulkancellin.
Sin pensarlo saltaron, armaron la balsa lo más rápido posible y ya en un abrir y cerrar de ojos estaban pisando la Comarca Aislada, ese viaje de una larga y dura semana se convirtió en una larga semana de aventuras para los dos navegantes.

Milagros Mansilla.
2º “B”

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Dibujo realizado por Tomás Bassi. Inspirado en el momento en que Dulkancellin y Cucub
mantienen una conversación en la Lengua Natural con el anciano lulu que portaba la Piedra Alba.  
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Cuando Dulkancellyn y Cubcub viajaban en barco vieron cosas que nunca antes habían visto. Su viaje duró cinco días, viajaron por un río gigante, hermoso, lleno de peces con colores, el agua era cristalina transparente parecía perfecta solo que en ella se encontraban tiburones con dientes grandes y afilados, pero ellos no lo sabían.
Hablaban mientras viajaban pero un diálogo constante:
 –Mira ese pez Cubcub- 
 –Dulkancellyn mira que hermoso cielo- 
El cielo del lugar era como ver un arcoíris gigante, era colorido, lleno de nubes y lleno de arcoíris. Pero tuvieron un problema, Cubcub al solo ver agua por  tres días seguidos estaba a punto de perder la cordura, hasta que la perdió, empezó a hablar solo y a dar saltos en el barco. Dulkancellyn lo vio y lo sentó de una cachetada y ahí Cubcub volvió a la normalidad.
Todas las noches que viajaban se turnaban para contar historias de sus tierras que sus padres les habrían contado alguna vez.
Estando ahí vieron tantos animales acuáticos como nunca en su vida, había algunos que no eran muy amigables, una noche estaban durmiendo cuando un  pez saltó dentro del barco, Dulkancellyn se despertó de un salto y atravesó al pez con el cuchillo que siempre lleva con él.
Cuando volvieron a despertar ya estaban llegando.

Agustin Gonzalez

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Cuando Dulkancellin y Cucub estaban por entrar al barco lo primero que notaron es que el barco, había sido abandonado, por las condiciones en que se encontraba.
Dulkancellin le dijo a Cucub:
-No estoy seguro de querer  viajar en esto.
-Tenemos qué, a menos que quieras caminar.
Sin pensarlo cargaron sus provisiones y enseguida, partieron para Beleram. Cuando  lo hicieron ya era de noche, así que durmieron en el barco. Al día siguiente, amanecieron hambrientos y tomaron un poco de jugo de cactus.
Mirar el mar y el cielo le aburría. Mientras navegaban iban tallando  pedazos de madera y tirando piedras por la borda que Cucub había encontrado.
Al día siguiente se dieron cuenta de que los seguía un gran cardumen. Cucub le dice Dulkancellin:
-Mala suerte de que no tenemos caña de pescar. Sí consiguiéramos pescar algo ya tendríamos para todo el viaje.
A Dulkancellin se le ocurrió hacer una con los palos que habían estado tallando y los hilos  que colgaban de su ropa. Cucub le copió y ambos se pasaron el día pescando.
Con el nuevo amanecer, observaron el cielo nublado, a ambos les pareció que esas nubes eran granizo y así fue. Como consecuencia del granizo el barco había quedado sin velas como si un lulu enfurecido se las hubiera topado. Dulkancellin le dijo a Cucub:
-Esas piedras eran como las del desierto pero sin arena y frías.
-¡Que importa cómo era el granizo husihuilke! ¡Cómo llegaremos Beleram sin velas!
Luego de un rato de pensar. Exclamó Dulkancellin: 
-¡Ya sé! Con las hilachas de las velas y juntando muchos palos tallados, construyamos remos.
Como no había otra opción, lo hicieron. Pasaron un día entero remando y así llegaron a Beleram, sanos pero muy cansados.
Alejo Casas
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                                       Los días del Venado. Por María José Ceballos.
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Cuando llegaron a la bahía mansa del Lalafke encontraron una embarcación de pescadores un poco rota, arruinada, con la madera podrida y llena de hongos, adentro de la barca estaba llenísimo de gusanos y lombrices, ni imaginarse abajo, donde tenían todas las carnadas, en fin un lugar poco agradable pero había espacio suficiente para ambos, no lo pensaron ni dos veces, entraron sin asco ya que esa barca lo llevaría a su destino (Beleram). Pasaron varias horas, Cucub y Dulkancellin se habían hecho amigos de toda la tripulación. Cuando llegaba la noche los tripulantes de la barca estaban acostumbrados a contar historias de Terror, escalofríos y de mucho pero mucho miedo, todas sus historias contadas eran terroríficas, ninguna dejaba de impresionar y aterrorizar a Cucub y a Dulkancellin, pero la que más le había sorprendido a ambos era la historia de las sirenas. Se contaba que en esos mares justo debajo de ellos habitaban unos seres horribles y aterrorizantes pero a la vez eran hermosos y persuasivos. Ya era de noche un poco tarde, Cucub y Dulkancellin no podían dejar de hablar sobre esos seres, se preguntaban cómo era su apariencia, cuantos años vivieron y vivirían, si la historia era cierta y miles y miles de cosas más. 
Entonces Cucub le dijo a Dulkancellin:
 –Yo creo que ya es demasiado tarde me parece que es hora de dormir-
Dulkancellin le respondió:
 – Tienes razón ya es demasiado tarde mejor nos vamos a dormir.-
 Finalmente se durmieron sin ningún tipo de problema. Eran las ocho de la mañana, y los dos viajeros ya se habían despertado. Fueron hasta el centro del barco y vieron a toda la tripulación sentada, rápidamente se escuchó una voz que venía del centro diciendo:
 –Venid no seáis tímidos, acompáñennos en la cena-.
Dulkancellin y Cucub ansiosos de comida fueron rápidamente con la tripulación, fue una cena muy pero muy divertida pero en toda embarcación había una parte del día aburrida, la parte de pescar, Dulkancellin y Cucub veían como todos se levantaban y caminaban hacia sus dormitorios. De repente se les acercó un hombre alto, rubio, con ojos verdes y con una pequeña barba. El hombre les dijo:
 –Hola señores soy el capitán de esta embarcación me llamo Bob y les tengo que decir que es la hora de pescar, así nosotros almacenamos la comida para los próximos días. Dulkancellin le respondió:
 –Muy buenos días capitán Bob, lamento informarle que no tenemos los materiales necesarios para poder pescar.- 
Bob dijo:
 –No hay problema nosotros les prestaremos y les ensañaremos  a pescar los mejores peces, nosotros conocemos este mar como si fuera nuestra palma de la mano, sabemos todos los lugares para pescar y todos los lugares  donde no hay que estar.
 El capitán les dio todos los materiales necesarios. Pasaron unas cuantas horas y Dulkancellin y Cucub se sentían frustrados al no pescar ningún pez, pero de repente algo tiró demasiado fuerte la caña. Cucub gritó emocionadamente:
 –Oigan he pescado algo.
 Al principio solo pensaban que era unas simples pez, pero debido a la intensidad y la fuerza con que tiraba la tanza de la caña se dieron cuenta que no era un simple pez. Rápidamente el capitán Bob ordenó:
 –Suelta la caña Cucub no querrás lastimar a las sirenas, no quieres verlas enojadas.- Cucub le hizo caso pero lamentablemente el anzuelo le cortó un poco de su boca. De repente se sitió un grito muy agudo y con mucha intensidad. El capitán aterrorizadamente dijo:
 –Todos traigan sus armas, hoy vamos a enfrentarnos a las bellas sirenas, solo les digo que no se confíen de su ternura y belleza son bestias engañosas. Dulkancellin y Cucub se quedaron en el  centro de la embarcación viendo cómo los tripulantes luchaban contras las sirenas. Cucub miró hacia un costado de la embarcación y se encontró con una de ellas, un ser hermoso, tierno y muy amigable, pero desgraciadamente no había que confiarse de las apariencias por que las apariencias engañaban. 
La sirena lo atrajo con un canto extraño pero a la vez hermoso. Dulkancellin le dijo:
 –No vayas, hay que hacerle caso al capitán.- Cucub hipnotizado no escuchó las palabras de su amigo y corrió hacia ella. Cucub estaba a punto de tomar la mano de la sirena pero rápidamente llegó el capitán y decapitó a la sirena, la sirena cayó rápidamente al mar. 
Cucub dijo:
 –Gracias capitán, me ha salvado la vida.
 El capitán respondió:
 –No me agradezcas nada la pelea todavía sigue.
 Las sirenas enfurecidas por la muerte de su hermana llamaron a más de sus hermanas y juntas agitaron y agitaron la embarcación. El capitán prendió fuego unas maderas que sobraron al  construir el barco y se las lanzó  sin pensarlo. Las sirenas asustadas por el fuego se fueron velozmente. Seguramente volverían más. Llego la noche y los tripulantes, agotados por la pelea, se durmieron sin ningún problema. Cucub se despertó y vio el cielo muy nublado, parecía que se iba a aproximar una tormenta. Finalmente tenía razón, fue una tormenta muy pero muy fuerte, tanto, que tuvieron que quedarse todo el día adentro de sus habitaciones. El día siguiente fue muy  tranquilo y sin problemas, alrededor de la una de la tarde llegaron a su destino. Un viaje que nunca se olvidarán.
José Borsani

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